Busco acercarme al silencio,
tan lejos, tan adentro.
Busco encontrarte en el asombro,
tan empolvado, tan anciano.
Busco descubrirte en mis poesías
que ya no son mías.
La locura se extinguió
y con ella los aquelarres
de mis cantos secretos.
¿Y vos?
Eras el éxtasis
de la daga que atravesaba mis esencias.
Hoy sos mi Dios pequeñito.
Alguna vez fuiste grande, vasto,
luz y sombra de todo lo que existe.
Fuiste fuerte, impertinente,
Como una ola que arrasa
con el hoy y el mañana.
Que se burlaba tierno de mis ansias.
Así yo te seguía y te abrazaba,
me hundía en tus palabras,
fundida entre tus llamas.
Seguís siendo sin tiempo.
Pero en en este fin del mundo,
para mí el tiempo lo es todo,
Como una piel que contiene
los anhelos, los vicios, los instintos.
Estoy enterrada bajo la piel del tiempo
y todo es grande... todo es grande.
Yo desaparezco, tan pequeña.
Y vos...
sos mi Dios pequeñito,
una semillita eterna
en medio de un huracán de escombros.
Una esperanza minúscula
en la abalancha inexorable
de mi desesperación.