viernes, 19 de septiembre de 2014

Mi Dios pequeñito.

Busco acercarme al silencio,
tan lejos, tan adentro.
Busco encontrarte en el asombro,
tan empolvado, tan anciano.
Busco descubrirte en mis poesías
que ya no son mías.
La locura se extinguió
y con ella los aquelarres
de mis cantos secretos.

¿Y vos?
Eras el éxtasis
de la daga que atravesaba mis esencias.

Hoy sos mi Dios pequeñito.

Alguna vez fuiste grande, vasto,
luz y sombra de todo lo que existe.
Fuiste fuerte, impertinente,
Como una ola que arrasa
con el hoy y el mañana.
Que se burlaba tierno de mis ansias.
Así yo te seguía y te abrazaba,
me hundía en tus palabras,
fundida entre tus llamas.

Seguís siendo sin tiempo.
Pero en en este fin del mundo,
para mí el tiempo lo es todo,
Como una piel que contiene
los anhelos, los vicios, los instintos.
Estoy enterrada bajo la piel del tiempo
y todo es grande... todo es grande.

Yo desaparezco, tan pequeña.

Y vos...
sos mi Dios pequeñito,
una semillita eterna
en medio de un huracán de escombros.
Una esperanza minúscula
en la abalancha inexorable
de mi desesperación.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Nuevo

Hoy supe que existías. Me hice una prueba de sangre, porque deseaba tanto que existieras... que me convencí de estar únicamente tratando de aliviar mis ansias y acabar con la esperanza. Pero resultó que existís. Que hace una semana y media, cuando sentí un punzante dolor en el vientre y pensé "se implantó", tal vez no fue mi imaginación. Y cuando me arrodillé en la cocina hace unos días, para darle gracias a Dios por tu vida y darte la bienvenida a la mía, tampoco fue mi imaginación. Ya estabas ahí. Yo lo sabía. Pero no lo sabía. Hoy sé que existís y le doy gracias a Dios por todo lo que sos.

martes, 5 de agosto de 2014

Crisis de fe

Sin saber que creer, deambulo entre el agnosticismo y un ateísmo disfrazado. Pero no... nunca logro llegar a esa frontera, porque la oración sale de mis entrañas como una necesidad antigua, como un reconocimiento obvio de que lo incomprensible es inalcanzable para mi mente, pero metido fuertemente bajo mi piel.

La otra noche, en la madrugada, sentí que Jesús me hablaba. Y decía: "Deja de esperar que los barcos se junten para pasar de uno al otro. Salí de tu barco de una vez y caminá sobre el agua".

Sigo tratando de interpretarlo. No sé por donde empezar.

martes, 3 de junio de 2014

Desamor

Se me escurre el amor como agua entre los dedos. Como sangre de una cortada. Se me escurre, se me agota. Puedo retenero, forzarlo. Puedo obligarme a coagular. Pero he quedado pálida y débil. Una amabilidad gentil o un intento de congraciarse conmigo me mantienen viva, no me dejan morir. Pero tampoco logro recuperar las fuerzas. Él tampoco me ama y no tengo energía para reconquistarlo.

sábado, 31 de mayo de 2014

Ahorcada

Vi que sólo fui la melodía virginal
Del pasado incierto, de las fantasías
Sueltas como las cuentas de un collar.
Un rincón de asombro, hastío y barro,
Hechos una mezcla aferrada al fondo
De la olla de la alquimista.

Me ahoga, codiciando mi garganta,
Descubrirme hecha piedra y empolvada.
Y vi que yo había sido gemidos y nostalgias
Que me despegaban de la piel y del tiempo.
Para creer que me coloreaba eterna,
Y que las estrellas del firmamento
Eran sólo el prólogo de mis ojos,
De mi pasión estremecida,
De mis labios.

Sí, yo fui un rincón con sabor a magia y a masapán.
Mas no hay oro en las pupilas amargas de la alquimista. Sólo vida y plegarias dormidas.
El tiempo y la piel se aferran a mi cuello.
He llegado al hueso amargo en mi paladar, descubriendo más epílogos que estrellas.

Soy únicamente un desastre ordenado.
Todas las cuentas amarradas en un collar que me ahoga.
Me ahoga...
Ser una poesía bien ensayada que a nadie le interesa escuchar.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Tragisma

Nunca es la palabra que describe lo que fuimos. Lo que somos.

Fue para bien. Todo tenía su sentido, en medio de la mutua ingenuidad. La mutua estupidez. Finalmente, todo fue para bien.

¿Qué tal si hubiera sido distinto? ¿Qué tal si algo hubiera cambiado, si no hubieras sido un cobarde o si yo hubiera sido, quizás si hubieras encontrado conmigo, lo que en algún momento buscaste? Tantas preguntas a las alternativas que se quedaron empolvadas y abandonadas en las cuevas oscuras de lo que no fue.

En tus brazos había una dulzura entonces desconocida para mí. Adictiva y atrayente. Me era imposible pensar que no lo sentías también. Pero quizás era sólo yo, ataviada de delirios y de historias. Porque eso fue lo único que fuimos... yo ataviada de delirios y de historias que, en el jardín de mis inventos, eran vida fresca y nueva. En la realidad, eran quebradizas hojas secas.

El cuadro que rompí cuando rechazaste mis palabras... era un dibujo de amar. Ahí comenzó a marchitarse ese fuego mío de escribir, de dibujar, de convertir en arte lo que veía y lo que me sucedía. Ahí comencé a morirme un poquito. No más poeta. Sólo práctica para vivir.

Quizás nos hubiéramos encontrado. Probablemente nos habríamos excedido, con caricias o con inventos y en la ingenuidad de nuestros ideales, nos habríamos asustado. Del susto, probablemente habríamos terminado prematuramente y seguido la historia igual a como fue. O nos habríamos forzado a seguir juntos y confundido la dulzura de la piel con amor, albergando un resentimiento que contaminara todos nuestros sueños. Yo sería esa a la que le resentirías no haber tenido esa vida que querías. Esa que ahora sí tenés. O hay una tercera alternativa: que sí nos hubiéramos querido, pero que el amor se nos gastara con la desilución de conocernos mejor. Y luego, cada uno hubiera seguido su camino. Esa opción es la que más me hace sangrar. Te quedaste encerrado en mis armarios de leyendas y fantasías. No me diste la oportunidad de conocer al hombre y así me quedé atada a un mito para siempre. No me obligaste, sé que es culpa mía. Pero pienso, siento y en mi alma sé que fuiste un cobarde. Fuiste un cobarde. Yo no me guardé nada. Todo lo expresé. Debo ser tan absurda ante tus ojos. Pero vos fuiste cobarde. Un gran cobarde. Fuiste un cobarde.

Y aún así... me descubro a veces pensando en vos. Sintiendo esas melodías que ya deberían haberse hecho viento y estar lejos: en mis mejillas las siento. Soñando. Nada comprometedor, la conciencia no me lo permitiría. Sueños en los que te veo en las esquinas, en los que mirás las cosas que hago en un día cotidiano, o un servicio que nos tocaría planear juntos. Creo que nunca podré dejar de pensar en vos. Y esa idea me hace sentir cosas encontradas.

Nada nuevo

Nada nuevo. Nada, nada nuevo. Alguna vez pensé que escribiría grandes cosas. Luego, el reconocimiento opaco de mi falta de talento me hizo darme cuenta que, quizás, escribiría algo. Y luego, la decepción. La rutina. Las carreras. Me di cuenta de que mis sentimientos, mi visión del mundo, la forma particular de las cerámicas del piso de un consultorio médico que llamaron mi atención, todas las comparaciones, anécdotas, bromas, sentimentalismos... todo, todo lo que veo y pienso en convertir en narraciones... en realidad no es nada nuevo. Ya ha sido visto y expresado, probablemente mucho mejor de lo que yo podría mostrarlo al mundo. Así que escribir se convirtió en un silencioso aborto de desilución y postergación.

Alguna vez pensé que dentro de mí había tanta pasión y fantasía, que la piel se me llenaría de rayitas, hasta reventar como un cristal y explotar en palabras, en historias, en fantasías. Los últimos años han sido de volverme útil y práctica por fuera. A veces creo que me sequé un poquito por dentro.

Nada nuevo. No tengo nada nuevo qué contar. Pero voy a contarlo porque... bueno... porque no me gusta pensar que desapareceré de la existencia sin haber existido realmente.