domingo, 16 de julio de 2017

El beso

¿Fue uno o mil besos?
Dejá de escribir al revés,
vení y dibujala conmigo,
a esa que seré en adelante
frente a vos.

Dibujemosla juntos.
De ojos tibios y opacos.
Deslizá tus dedos por sus labios
y hacelos fríos. Agudos.

Tantos besos en sólo uno.

Ahora sigue la postura,
fuerte y hueca
porque aquí no pasó nada.

Esculpí su cuerpo con tus manos.
Con tus manos
que aún siento en mi cintura.
Y formala despacio,
mientras yo cierro mis ojos y respiro.

Haceme bella, a ésta que seré ahora,
dura y tranquila, silenciosa.

Ya sabíamos el trato,
esto no es nada.

Pero yo mostré mis cartas en ese beso,
saqué mis verdades en ese hechizo,
en el intoxicante embrujo,
en la embriaguez fraudulenta
de quemar mis defensas.

Y sentí en tu beso algo que no siento
en mis paseos por las tinieblas.
No me atemoriza no sentir.
Me paraliza la sombra de ese anhelo.

Ahora conocés mi juego mejor que yo.
Así que juguemos.

Construyamos juntos
este simpático castillo de naipes
y guiñémonos el ojo con la travesura.

Vos te atormentarás
buscando el significado en tu espejo.
No verás más allá.

Yo me desangraré sin prisa.
Me pondré esta bellísima fachada,
muriendo de pie como la jacaranda.

Porque aquí no pasó nada.
Ni hoy ni en sesenta meses,
ni en cien sueños al norte.
Aquí se termina el hechizo.
La sobriedad es el telón.

Nos queda el castillo de naipes,
el chiste de la travesura,
seguir viéndonos siempre,
para no encontrarnos nunca.

Mil besos en uno solo.
De no haber sido yo tan torpe,
te habría dado uno más de despedida.
Ese nos faltó.

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