Vi que sólo fui la melodía virginal
Del pasado incierto, de las fantasías
Sueltas como las cuentas de un collar.
Un rincón de asombro, hastío y barro,
Hechos una mezcla aferrada al fondo
De la olla de la alquimista.
Me ahoga, codiciando mi garganta,
Descubrirme hecha piedra y empolvada.
Y vi que yo había sido gemidos y nostalgias
Que me despegaban de la piel y del tiempo.
Para creer que me coloreaba eterna,
Y que las estrellas del firmamento
Eran sólo el prólogo de mis ojos,
De mi pasión estremecida,
De mis labios.
Sí, yo fui un rincón con sabor a magia y a masapán.
Mas no hay oro en las pupilas amargas de la alquimista. Sólo vida y plegarias dormidas.
El tiempo y la piel se aferran a mi cuello.
He llegado al hueso amargo en mi paladar, descubriendo más epílogos que estrellas.
Soy únicamente un desastre ordenado.
Todas las cuentas amarradas en un collar que me ahoga.
Me ahoga...
Ser una poesía bien ensayada que a nadie le interesa escuchar.
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