miércoles, 28 de mayo de 2014

Nada nuevo

Nada nuevo. Nada, nada nuevo. Alguna vez pensé que escribiría grandes cosas. Luego, el reconocimiento opaco de mi falta de talento me hizo darme cuenta que, quizás, escribiría algo. Y luego, la decepción. La rutina. Las carreras. Me di cuenta de que mis sentimientos, mi visión del mundo, la forma particular de las cerámicas del piso de un consultorio médico que llamaron mi atención, todas las comparaciones, anécdotas, bromas, sentimentalismos... todo, todo lo que veo y pienso en convertir en narraciones... en realidad no es nada nuevo. Ya ha sido visto y expresado, probablemente mucho mejor de lo que yo podría mostrarlo al mundo. Así que escribir se convirtió en un silencioso aborto de desilución y postergación.

Alguna vez pensé que dentro de mí había tanta pasión y fantasía, que la piel se me llenaría de rayitas, hasta reventar como un cristal y explotar en palabras, en historias, en fantasías. Los últimos años han sido de volverme útil y práctica por fuera. A veces creo que me sequé un poquito por dentro.

Nada nuevo. No tengo nada nuevo qué contar. Pero voy a contarlo porque... bueno... porque no me gusta pensar que desapareceré de la existencia sin haber existido realmente.


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